Cada 12 de octubre España saca banderas, desfile y aviones pintando el cielo. Durante años creímos que era por la Fiesta Nacional… Ahora sabemos la verdad: es por Pilar.
Porque hay santos que se celebran con una vela, y hay Pilares que se celebran con la Legión, cabra incluida.
Pilar tiene algo que no venden en ninguna farmacia: una alegría a prueba de todo. La vida le pone piedras en el camino y ella dice: «Mira, ya tengo para hacer un muro y apoyarme». Hay quien va al gimnasio a fortalecer músculos; nosotros vamos a hablar con Pilar a fortalecer el ánimo. Y se sale con agujetas… de tanto reír.
Y luego está Ángel, que de nombre ya lo dice todo. El domingo consiguió un milagro: reunirnos a todos en un aperitivo. A todos y a la vez. Poner de acuerdo a los vecinos en la hora, el sitio y si las aceitunas van con hueso o sin hueso es más difícil que organizar el desfile de la Castellana.
Las anchoas desaparecieron más rápido que la Patrulla Águila, y alguno juró no repetir… y repitió tres veces, como manda la tradición.
Dicen que la Virgen del Pilar nunca se mueve de su columna. Nuestra Pilar igual: pase lo que pase, sigue firme, sosteniéndonos a todos con su humor.
Así que hoy, cuando veas los aviones con humo rojo y amarillo, ya sabes lo que escriben en el cielo:
¡Felicidades, Pilar! No cambies nunca.
Y gracias, Ángel, por recordarnos que la mejor fiesta no necesita desfile: basta un aperitivo, buenos vecinos y una Pilar en el centro.





