CANTO I – Otoño con calefacción humana
Dicen que Tres Cantos es frío, que aquí los inviernos se toman muy en serio y las mínimas bajan de los 0 grados sin despeinarse. Pero este otoño ha salido como dios manda: días de lluvia, otros de sol, y en Entrecantos el frío todavía no ha encontrado el timbre de la puerta.
Será por el calor que desprenden los vecinos, que entre saludos, cafés y chascarrillos, la calefacción casi parece un extra. El jardín luce espectacular, mimado por nuestro jardinero mayor, que trata a cada planta como si fuese una estrella invitada. Aún se puede tomar el aperitivo en el porche, compitiendo por ese rayito de sol despistado que se cuela entre las nubes.

CANTO II – Hojas, perros y risas
Las calles se van cubriendo con una alfombra amarilla que cruje bajo los pies y hace las delicias de Pipo y de sus colegas perrunos, que se lanzan a las hojas como si fueran confeti de fiesta mayor. Entre paseo y paseo, siempre aparece una charla improvisada: alguien que vuelve de la compra, otra que baja al buzón, otro que sólo salía “un momento” y acaba organizando un vermut espontáneo.
Aquí el tiempo se mide en risas, en “¿te echo una mano?” y en “sube luego a probar este guiso”. El otoño en Tres Cantos será fresco, pero en Entrecantos el pronóstico oficial es de buen ambiente y alta probabilidad de chistes malos.

CANTO III – Navidad sin nieve, pero con premio
En Entrecantos no tendremos una blanca Navidad, pero sí una muy colorida: luces en las ventanas, adornos caseros, recetas nuevas y alguna tradición recién inventada en la última asamblea o sobremesa. No sé si el día 22 nos haremos ricos con la lotería, pero la comida de celebración ya está planificada con la precisión de una operación especial .
Si toca, brindaremos fuerte; si no toca, también, porque la riqueza la tenemos de serie: amistad, compañía y ese “buen rollo” que se celebra todos los días, incluso cuando surgen pequeñas desavenencias. En Entrecantos, el verdadero gordo es poder decir que aquí, por mucho que apriete el invierno de Tres Cantos, el frío no entra ni con invitación.