Anoche, una docena de vecinos de Entrecantos decidimos elevar nuestro espíritu con una actividad cultural de alto nivel: concierto de Patax, grupo de fusión con versiones buenísimas, y estudio gastronómico comparado del bocata de calamares con cerveza.
El plan empezó con mucha dignidad artística, pero pronto quedó claro que la cultura entra mejor si antes pasa por la barra. Entre risas, bocatas bien sujetos con las dos manos y alguna cerveza que ayudaba mucho a seguir el ritmo, nos fuimos preparando para una noche prometedora.
Y no decepcionó. Patax nos regaló una sesión estupenda, de esas en las que una reconoce canciones, mueve el pie sin permiso y acaba pensando: “Pues oye, esto también cuenta como ejercicio”. Hubo música, palmas discretas, comentarios expertos y hasta algún amago de baile contenido por prudencia vecinal.
Por supuesto, no faltó Pipo, que asistió con la elegancia de quien sabe que cualquier evento mejora notablemente con su presencia. No sabemos si entendió la fusión musical, pero desde luego entendió perfectamente el ambiente festivo.
Volvimos a Entrecantos con el ánimo arriba, el estómago agradecido y la sensación de haber cumplido con una importante misión cultural: demostrar que la música, la amistad y un buen bocata de calamares siguen siendo una combinación imbatible.


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