Hoy, 20 de agosto, Entrecantos ha vivido un acontecimiento de esos que quedan para los anales de la comunidad: Pipo, nuestro maltés más ilustre, ha cumplido su primer año de reinado absoluto sobre sofás, corazones y horarios de paseo. Sin tarta —que para vela ya tiene bastante con la que le encendemos los ojos cada vez que abrimos la nevera—, la celebración se resolvió con un aperitivo por todo lo alto: lomo de orza y chorizo de Burgos, que desaparecieron de las bandejas mucho antes que la paciencia de Pipo esperando su ración.
Entre los regalos llegó un babero de gala, pensado con toda la buena intención del mundo para que ni una mota de grasa de chorizo manchara ese pelaje blanco inmaculado. Pipo lo examinó, lo olisqueó, y decidió con gesto soberano que un cumpleañero de su categoría no necesita protección alguna: se lo dejó puesto exactamente cero minutos y siguió comiendo a pelaje descubierto, como los grandes.
Tampoco faltaron muñecos de peluche que ya mira por encima del hombro, chuches perrunas que cató con el rigor de un sumiller y comida gourmet que, para disgusto de más de un vecino, olía mejor que el propio aperitivo humano. Hubo quien insinuó que Pipo come mejor que nosotros. Nadie lo desmintió.
Entre mimos, fotos y algún achuchón consentido, el homenajeado aguantó estoicamente el protagonismo, alternando siestas de compromiso con miradas de «ya podéis dejar de aplaudir, gracias». Al final del aperitivo, Pipo con la panza llena y pelaje intacto —el babero, por su parte, sigue estrenándose en un cajón—, se retiró a sus aposentos dejando claro, una vez más, quién manda de verdad en Entrecantos.
Feliz primer año, Pipo. Que cumplas muchos más, y que nosotros sigamos teniendo el honor de servirte el chorizo.







