El pasado lunes 11, en Entrecantos, tuvimos una de esas tardes en las que una entra pensando que va a escuchar una charla y sale mirando la realidad con otros ojos. O, al menos, intentando mirarla con gafas limpias, que ya es bastante en estos tiempos de niebla informativa, titulares chillones y verdades servidas en bandeja de WhatsApp.
Como aperitivo intelectual, el día anterior habíamos proyectado en nuestro cinefórum la película “No mires arriba”. Y claro, después de ver a medio planeta discutiendo si un meteorito viene o no viene hacia la Tierra, lo mínimo era preguntarse: ¿y nosotros?, ¿miramos hacia arriba?, ¿miramos hacia los datos?, ¿o preferimos no mirar demasiado, no vaya a ser que la evidencia nos estropee una buena opinión?
Para ayudarnos a responder, contamos con Enrique J. de la Rosa, investigador científico del CSIC, del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas. Enrique llegó con algo muy valioso: conocimiento, sentido del humor y esa capacidad tan difícil de explicar cosas complejas sin que nadie sienta la necesidad urgente de fingir que le suena el móvil.
La convocatoria fue todo un éxito. La sala estaba llena, y no precisamente de amebas tristes, aunque Enrique, en uno de sus blogs, tiene una entrada con ese título tan irresistible. Porque además de investigador, es divulgador. Junto a su cónyuge, Margarita del Val, inmunóloga y viróloga, escribe el blog “Ciencia con chocolate”, un nombre que ya promete mucho: ciencia, sí, pero si puede ser con algo dulce, mejor. También escribe “Desde mi torre de marfil”, donde demuestra que la torre puede ser de marfil, pero las ventanas están bien abiertas para que entre el aire de la divulgación.
Durante la charla, Enrique nos llevó de la mano por un territorio tan necesario como resbaladizo: la diferencia entre creer y saber, entre opinar y comprobar, entre repetir lo primero que nos llega y detenernos un momento a preguntar: “¿Y esto quién lo dice?, ¿con qué pruebas?, ¿hay evidencias o solo entusiasmo?”
Y ahí estuvo una de las grandes enseñanzas de la tarde. La ciencia no consiste en tener siempre razón, sino en aceptar que la realidad no se deja convencer por nuestras preferencias. La evidencia científica es, en el fondo, una señora bastante seria: no se impresiona por los gritos, no se emociona con los bulos y no cambia de opinión porque un cuñado tenga mucha seguridad al hablar.
La charla fue instructiva, sí, pero también muy amena. Enrique consiguió que pensáramos sin ponernos solemnes, que cuestionáramos sin sentirnos regañados y que recordáramos algo fundamental: en tiempos de desinformación, mirar las evidencias no es una manía de científicos, sino una forma de higiene mental.
Salimos con la sensación de haber pasado una tarde estupenda y, además, útil. Que no es poca cosa. Porque en Entrecantos nos gusta conversar, compartir, aprender y, si hace falta, mirar hacia arriba. Pero sobre todo, mirar con atención.
Así que, frente al ruido, las prisas y las certezas fabricadas, quizá el lema de la tarde podría ser este: no mires solo lo que confirma lo que ya piensas. Mira también las evidencias. Aunque no traigan chocolate.