En Entrecantos los domingos han dejado de ser “día de bajón” para convertirse en “día de butaca y bizcocho”… aunque, de momento, lo del bizcocho lo estamos negociando.
Hoy inauguramos el cinefórum con merienda, esa actividad tan seria según la RAE, que dice que consiste en reunirse para comentar una película después de verla.
En la práctica, en Entrecantos consistió en ver la peli, comentar un poco… y comentar mucho más el chocolate y el roscón.
El chocolate de Paloma fue lo más emocionante que le pasó a “Anatomía de un instante”.
Mientras la serie analizaba la Transición con toda su solemnidad, en nuestras tazas se producía otro golpe de Estado: la cuchara se quedaba de pie, firme, como si también estuviera votando “sí” o “no” al espesor del invento.
El roscón de Araceli, por su parte, llegó a la sesión en “versión tostada del director”: dorado, crujiente y con ese punto de “se me ha ido un pelín el horno” que en Entrecantos se traduce como alta cocina experimental.
Hubo quien aseguró que, mojado en el chocolate, se convertía en un efecto especial digno de superproducción: crujía, se ablandaba y casi pedía banda sonora propia.
Al terminar el capítulo, el resumen del cinefórum fue claro: la serie, muy seria; el debate, interesante; pero el verdadero “instante histórico” fue ese tándem chocolate–roscón capaz de poner de acuerdo a todo el hemiciclo de Entrecantos… a sorbos y mordiscos.


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